Los León

. . El sitio de nuestra familia

Brecha generacional

Hoy leia en Salon un artículo titulado Rock’n’roll rebellion, redux donde la autora se maravilla de cómo, estando en un concierto de Green Day con su esposo y su hijo de 13 años, tengan un terreno cultural común, el rock’n’roll, específicamente el punk rock, que les permite comunicarse. Habla de que sus padres tenían alrededor de 20 años cuando la tuvieron a ella, mientras que ella estaba a mediados de sus 30 cuando tuvo a su hijo. Habla de haber sentido la brecha generacional fuertemente cuando a la edad de 14 años fue a un concierto de los Rolling Stones que se retrasó y que cuando le habló a su padre para explicarle que iba a salir en la madrugada del concierto el padre le gritó.

Ayer estuve en el dentista, es un dentista «nuevo» que me cayó muy bien, por un lado necesitaba dentista porque la dentista de toda la vida está en Toluca y no es cómodo ir hasta allá (ella es prácticamente la unica dentista que he tenido en 20 años o más de necesitar dentista). Este Señor, el Dr. Otero, es de la generación del 68, es decir, la generación que siguió a la de mi padre. Simpatico, Universitario, con esa personalidad relajada de los integrantes de esa generación. Una de las cosas que me calman cuando me hace los dientes es que tiene prendido el radio en «Radio Universal» ya saben, exitos de los años 60s y 70s. Como si me convenció el trabajo de este señor, se lo recomendé a mi padre, que fue conmigo ayer. Es increible que entre el dentista y yo la «brecha generacional» sea más bien una anécdota temporal, en tanto que entre mi padre y él sea algo tangible. Lo notabas en la diferencia de opiniones, la diferencia de enfoques en la pequeña plática entre las opiniones profesionales sobre lo que había que hacer con sus dientes y etc.

Yo he sentido esa sensación de brecha entre mi padre (que me tuvo a mi y a mis hermanas cuando tenía veintitantos) muchas veces en mi vida. No tengo muchos recuerdos de ello, pero dicen que cuando era pequeño idolotraba a mi padre. De lo que si tengo recuerdos es de mi padre criticando mis gustos en música, en vestir, en lecturas o pinturas. Y recuerdo que eso normalmente me motivaba a hacer las cosas. A hacer las cosas que le contrariaban. Era una especie de anti-apoyo: si a mi padre no le parecía, entonces estaba bien hacerlo. Sí recuerdo vívidamente las muchas veces que hemos discutido de política, o las muchas veces que hemos colisionado porque nuestras visiones del mundo y del deber ser son opuestas. Para cualquier observador superficial mi padre y yo jalamos para lugares diferentes y no tenemos paciencia uno con el otro. Un observador superficial incluso podría decir que no nos respetamos.

Lo cierto es que si algo tengo que reconocerle a mi padre es que siempre ha respetado lo que hago. En su explosiva, agresiva forma de hacerlo, pero siempre ha tenido amor y respeto. Mis hermanas y yo decimos que el es «cariñudo», término que designa perfectamente su carácter simultaneamente cariñoso y gruñón. Y yo a él lo respeto profundamente, en cada día que comprendo un poco más los sacrificios y dolores que se tienen que sufrir por los hijos. El hecho de que muchas veces acabe luchando con él no implica que no lo respete, quizás precisamente por ser tan buen oponente.

Y ahora aquí está Juan. Tengo 35 años, tenía 34 cuando Juan nació, y en menos de un suspiro seremos un padre de cuarentaitantos con su hijo adolescente. ¿Se habrá disuelto la brecha generacional? ¿tendremos un campo común en el cual fluya la comunicación?

¿Le gustará el Rock?

Solo el tiempo dirá.

Nos leemos

Los comentarios están cerrados.