La flojera necesaria

Supuestamente las vacaciones se inventaron porque uno necesita salirse de la rutina, descansar, recargar pilas, etc.

Pero lo cierto es que hay veces que necesitamos tenes un tiempo de pereza total. No vacaciones, en las cuales «hay que hacer algo», sino total inacción. Quedarse en la cama hasta el medio día. No quitarse la pijama hasta las 4 de la tarde. Pasar el tiempo leyendo, dormitando, jugando con el bebé o con el Shaq (que no son lo mismo). No prender la compu. Quizás ver algo de televisión. Holgazaneo puro.

El domingo pasado fue un dia así. Hoy en la mañana sentí un poco de remordimiento por los platos sucios que no lavé pero finalmente fue un domingo sabroso. Lo único que me hubiera gustado más es que lloviera, pero el clima en general estuvo muy agradable.

Claro, que contribuyó al estado de animo predispuesto a tal pereza el que en la celebrancia del cumpleaños del viernes hubieramos estado de fiesta desde la comida al medio día (con chelas stouts que ¡cómo le traía ganas a una chela bien negra!), el café y pastel a media tarde (mi mamá hizo una rosca de ciruelas que es deliciosa. Lo que me recuerda que debería empezar una seccion dedicada a compartir recetas familiares en este blog), y la ida al bar y al billar en la noche que acabó a las dos de la mañana. Y luego el sábado la continuación de la celebrancia en una cena con amigos que terminó a las cuatro de la mañana (o tres, si hubieramos recorrido el reloj al terminar el horario de verano).

Así que algunos dirán que «cual pereza, eso era cruda», pero lo cierto es que fue un domingo pachón de bienestar y sin ningún dolor de cabeza.

Nos leemos