Cumpleaños, amistad y amor

No había actualizado porque han sido tres días bastante movidos. Primero, el día de muertos, en que decidí venir a trabajar para poder faltar a la oficina el día 3. Luego, el Dia 3, cumpleaños de Pris, que nos la pasamos a todo dar, pero traté de llevar la carga del día yo sólo para que así ella pudiera realmente disfrutar su día. Así como en mi cumpleaños mi mejor regalo fue divertirme a carcajada batiente con Juan, parece ser que el mejor momento del día de Pris fue subirse con Juan al carrousel que tienen en la tienda de Liverpool de Felix Cuevas. Ese bebé tiene la risa contagiosa y un verdadero Joie de vivre, un verdadero gusto por las cosas nuevas.

Gracias Pris Carpio, Dra. Ara, Ruth, Jair, Ale y Vero por acompañarnos anoche en la cena. Hubiera querido invitar más gente pero no cabíamos (y aun así trabajé como mula para que todo estuviera a punto). El mejor manjar del cumpleaños fue la compañía.

Y te amo, Pris.
Nos leemos

Recetas de familia

Reflexionando de sobremesa después de la exquisita rosca de ciruelas que hizo mi madre para mi cumpleaños, decidí que tenía que empezar a poner las recetas que más nos gustan en el web para compartirlas con los amigos. La receta de esa rosca merecía ser la primera, pero teniendo en cuenta que este jueves Pris va a ir a conseguir la receta y es posible que hasta foto del resultado tengamos, entonces he decidido crear de una vez la categoría, y no esperar más y empezar compartiendo una receta que encontré en la caja recetario hace tiempo, una vez que buscaba la receta para los panquecitos de nuez o almendra, receta que no encontré pero con justa serendipia encontré esta otra, que nos encanta de igual manera. Que la disfruten.

Y no duden en mandarme sus recetas para publicarlas en este espacio ¡Salud!

Nos leemos

Pie de Almendra

Pie de almendra

1/4 kilo de uva sin semilla (de preferencia)
300 grms de harina
150 grms de mantequilla
75 grms de azúcar
1/2 cucharadita de sal
1 cucharadita de royal
2 huevos enteros
2 yemas
1/2 taza de leche natural

Cernir harina, azucar, sal y royal, revolver con la mano la mantequilla, los huevos, la leche y la harina cernida hasta formar una pasta suave, se extiende con el palote, se coloca una capa delgada de esta pasta en un molde engrasado y enharinado.

Relleno del pie

1/4 de kilo de almendra
1 lata de leche condensada
1 taza de leche natural
4 yemas
1 cucharadita de vainilla

Se muele en la licuadora la almendra pelada con la leche, cuando ya esté bien molida se le agrega la leche condensada, las yemas y la vainilla, se vacía en el molde que tiene la pasta del pie y se le ponen las uvas, se mete al horno durante media hora.

Para decorar se le pone encima una capa de crema chantilly al momento de servirse.

La flojera necesaria

Supuestamente las vacaciones se inventaron porque uno necesita salirse de la rutina, descansar, recargar pilas, etc.

Pero lo cierto es que hay veces que necesitamos tenes un tiempo de pereza total. No vacaciones, en las cuales “hay que hacer algo”, sino total inacción. Quedarse en la cama hasta el medio día. No quitarse la pijama hasta las 4 de la tarde. Pasar el tiempo leyendo, dormitando, jugando con el bebé o con el Shaq (que no son lo mismo). No prender la compu. Quizás ver algo de televisión. Holgazaneo puro.

El domingo pasado fue un dia así. Hoy en la mañana sentí un poco de remordimiento por los platos sucios que no lavé pero finalmente fue un domingo sabroso. Lo único que me hubiera gustado más es que lloviera, pero el clima en general estuvo muy agradable.

Claro, que contribuyó al estado de animo predispuesto a tal pereza el que en la celebrancia del cumpleaños del viernes hubieramos estado de fiesta desde la comida al medio día (con chelas stouts que ¡cómo le traía ganas a una chela bien negra!), el café y pastel a media tarde (mi mamá hizo una rosca de ciruelas que es deliciosa. Lo que me recuerda que debería empezar una seccion dedicada a compartir recetas familiares en este blog), y la ida al bar y al billar en la noche que acabó a las dos de la mañana. Y luego el sábado la continuación de la celebrancia en una cena con amigos que terminó a las cuatro de la mañana (o tres, si hubieramos recorrido el reloj al terminar el horario de verano).

Así que algunos dirán que “cual pereza, eso era cruda”, pero lo cierto es que fue un domingo pachón de bienestar y sin ningún dolor de cabeza.

Nos leemos

Cumpleaños

Hoy es mi cumpleaños. Mi mejor regalo que jamás me han dado fue que mi hijo se reia con mi nueva sirena, en la mañana, en mi cama. Que poco se necesita para ser feliz, a veces.
Nos leemos

Brecha generacional

Hoy leia en Salon un artículo titulado Rock’n’roll rebellion, redux donde la autora se maravilla de cómo, estando en un concierto de Green Day con su esposo y su hijo de 13 años, tengan un terreno cultural común, el rock’n’roll, específicamente el punk rock, que les permite comunicarse. Habla de que sus padres tenían alrededor de 20 años cuando la tuvieron a ella, mientras que ella estaba a mediados de sus 30 cuando tuvo a su hijo. Habla de haber sentido la brecha generacional fuertemente cuando a la edad de 14 años fue a un concierto de los Rolling Stones que se retrasó y que cuando le habló a su padre para explicarle que iba a salir en la madrugada del concierto el padre le gritó.

Ayer estuve en el dentista, es un dentista “nuevo” que me cayó muy bien, por un lado necesitaba dentista porque la dentista de toda la vida está en Toluca y no es cómodo ir hasta allá (ella es prácticamente la unica dentista que he tenido en 20 años o más de necesitar dentista). Este Señor, el Dr. Otero, es de la generación del 68, es decir, la generación que siguió a la de mi padre. Simpatico, Universitario, con esa personalidad relajada de los integrantes de esa generación. Una de las cosas que me calman cuando me hace los dientes es que tiene prendido el radio en “Radio Universal” ya saben, exitos de los años 60s y 70s. Como si me convenció el trabajo de este señor, se lo recomendé a mi padre, que fue conmigo ayer. Es increible que entre el dentista y yo la “brecha generacional” sea más bien una anécdota temporal, en tanto que entre mi padre y él sea algo tangible. Lo notabas en la diferencia de opiniones, la diferencia de enfoques en la pequeña plática entre las opiniones profesionales sobre lo que había que hacer con sus dientes y etc.

Yo he sentido esa sensación de brecha entre mi padre (que me tuvo a mi y a mis hermanas cuando tenía veintitantos) muchas veces en mi vida. No tengo muchos recuerdos de ello, pero dicen que cuando era pequeño idolotraba a mi padre. De lo que si tengo recuerdos es de mi padre criticando mis gustos en música, en vestir, en lecturas o pinturas. Y recuerdo que eso normalmente me motivaba a hacer las cosas. A hacer las cosas que le contrariaban. Era una especie de anti-apoyo: si a mi padre no le parecía, entonces estaba bien hacerlo. Sí recuerdo vívidamente las muchas veces que hemos discutido de política, o las muchas veces que hemos colisionado porque nuestras visiones del mundo y del deber ser son opuestas. Para cualquier observador superficial mi padre y yo jalamos para lugares diferentes y no tenemos paciencia uno con el otro. Un observador superficial incluso podría decir que no nos respetamos.

Lo cierto es que si algo tengo que reconocerle a mi padre es que siempre ha respetado lo que hago. En su explosiva, agresiva forma de hacerlo, pero siempre ha tenido amor y respeto. Mis hermanas y yo decimos que el es “cariñudo”, término que designa perfectamente su carácter simultaneamente cariñoso y gruñón. Y yo a él lo respeto profundamente, en cada día que comprendo un poco más los sacrificios y dolores que se tienen que sufrir por los hijos. El hecho de que muchas veces acabe luchando con él no implica que no lo respete, quizás precisamente por ser tan buen oponente.

Y ahora aquí está Juan. Tengo 35 años, tenía 34 cuando Juan nació, y en menos de un suspiro seremos un padre de cuarentaitantos con su hijo adolescente. ¿Se habrá disuelto la brecha generacional? ¿tendremos un campo común en el cual fluya la comunicación?

¿Le gustará el Rock?

Solo el tiempo dirá.

Nos leemos